Historia de la Ciudadanía
Democrática. Capítulo XVIII.
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“La Verdad, el Tiempo y la Historia”
Alegoría de la Constitución de 1812.
Francisco de Goya |
Esta nueva curva en la espiral histórica de la Democracia, iniciada con la Revolución Inglesa, continuada en la Revolución Estadounidense y después con la Revolución Francesa, iba a producir, con la Revolución Española, la nación más grande que el mundo ha conocido. Grande por la extensión geográfica, ya que abarcaba vastos territorios en cuatro continentes y rutas marítimas en todos los océanos. Grande también porque su Constitución fue la más democrática de aquel tiempo, por ejemplo estableciendo como ciudadanos españoles a los indígenas de América y a los de todas, hasta entonces, colonias imperiales. Cerramos aquí, con este post, el tiempo histórico abarcado por estas cuatro revoluciones. Caminos evolutivos nacidos desde la Ilustración y entrelazados a un entramado histórico necesario para comprender nuestra época presente, contemplando con mayor perspectiva esta evolución de la ciudadanía democrática donde muchos vamos a bordo. Ciudadanía democrática en cualquiera de su expresiones, nacional, municipal, transnacional, autonómica, etc.
La Revolución Española no es conocida como tal por los principales historiadores, cosa que, como aficionado a la Historia, no comprendo y por supuesto no comparto. Pero como ciudadano democrático y estudioso de la Historia puedo permitirme la licencia de manifestarlo en este post. La Revolución Española aconteció desde el 2 de mayo de 1808, con el levantamiento de Madrid ante las tropas napoleónicas, hasta el 1 de octubre de 1823, cuando Fernando VII suspendió la Constitución de Cádiz. Esta revolución también es hija del movimiento ilustrado y liberal que vivió Europa a partir del siglo XVIII. En la historia oficial este acontecimiento democrático tan importante suele registrarse como “segunda lectura” en la llamada “Guerra de Independencia de España” (1808-1814). Se iniciaron al mismo tiempo, cuando el pueblo español se rebeló contra la ocupación extranjera y armada de su territorio, pero no terminaron al mismo tiempo. Internamente España vivió una revolución socio/política sin precedentes que cambiaría radicalmente su Estado, pasando del más cerrado absolutismo al más abierto liberalismo.